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Carlos Ochoa / Columbia Daily Spectator

Parte fundamental de ser estudiante en Columbia es saber cómo presentarte a los demás. Desde que pisas la 116 y Broadway el primer día de NSOP te piden tu nombre, tu escuela, tu especialización, tus pronombres preferidos y de dónde vienes. Esa última pregunta siempre es un poco complicada y a veces hasta muy fuerte.

Por ejemplo, me presento a ustedes queridxs lectores:

Hola, mi nombre es Milagro Chavez-Cisneros, Columbia College ’21, mi especialización es en estudios hispánicos, uso el pronombre ella, y soy de Virginia…bueno, nací en Virginia y me crié en Virginia en una comunidad Salvadoreña, mis padres son Salvadoreños y toda mi familia es Salvadoreña y tengo mucha familia en El Salvador. ¿Entonces…cómo que soy de ambos lados?

Mucho antes de venir a Columbia, asistía a una escuela pública en los suburbios de Virginia. Entonces entre un mar de quién sabe cuántos Johns, Sarahs, Ryans y Marys el nombre Milagro inspiraba sentimientos de sorpresa, confusión e incomodidad en los maestros y compañeros que jamás habían visto un nombre con algo de sazón.

En la secundaria empecé a escuchar la pregunta:“¿Pero de dónde eres en verdad?” Es una pregunta que llega directamente a mi doble sentido de identidad: Cuando estoy en EE.UU., me siento muy Salvadoreña y cuando estoy en El Salvador me siento muy gringa. El nacionalismo de ambos países se encuentra en desacuerdo con el concepto de pertenecer a los dos lugares y de compartir una cultura dinámica. Por eso, muchos inmigrantes e hijxs de inmigrantes sienten la necesidad de escoger entre uno u otro para poder pertenecer completamente a uno de los dos países.

Entonces, la audacia del dicho, “en verdad,” jamás me deja de sorprender o molestar. Porque esa pregunta no se hace simplemente por curiosidad; también tiene la intención de negar que soy de aquí. La implicación es que tengo que escoger entre ser de aquí o ser de allá en ese mismo instante.

La respuesta que se me viene a la mente hoy viene de Yesika Salgado, y su poema, Mami, del libro Corazón. Salgado habla de cosas que su Mami le enseñó: “el corazón se estira millas y millas/ el amor vive en dos países al mismo tiempo.”

En mi casa, mi mami hace pupusas. En las fiestas navideñas, hacemos tamales y panes con pollos todos juntos y bailamos las cumbias de Los Hermanos Flores. De este modo, nos aferramos a nuestras raíces y costumbres y aplazamos la asimilación al ser Latinx en los Estados Unidos. Así es como mi familia se asegura de que no perdamos nuestra conexión a nuestro país, El Salvador, de que nuestros corazones se estiren millas y millas y alcancen llegar al pequeño pulgarcito de América.

Considero que es necesario conservar nuestras tradiciones porque aquí en Estados Unidos lxs Latinxs son parte de una identidad cultural extremadamente politizada. El concepto de “latinidad” como lo conocemos aquí no existe en el estado-nación Latinoamericano. Más bien es una construcción social que intenta inculcar un mestizaje excluyente y violento en contra de los pueblos indígenas y los afro-descendientes de estos países.

Es fácil identificar que ser Latinx es ser parte de un grupo racializado erróneamente como un monolito —porque la culpa se puede pasar a otros. Es más difícil ponernos a pensar en las implicaciones de latinidad que suelen ser dañinas para los Latinxs que no son blancos o hispanohablantes. Antes de venir a Columbia, no pensaba mucho en las complejidades del concepto de “latinidad.” En este campus, mi identidad como Salvadoreña y como Latinx ha ido cambiando por medio de mi cuestionamiento del el falso mito de latinidad que se nos vende.

Es un mito que omite la historia de cómo muchos países Latinoamericanos han cometido un genocidio contra los pueblos indígenas y los Afro-latinxs para ser las naciones que son hoy—y que siguen infligiendo esta misma violencia. La imagen de los Latinxs en Estados Unidos es monolítica, pero los problemas para los miembros de la comunidad Latinx también ameritan conciencia de parte de todos los que se consideran Latinx.

Hoy, cuando me pongo a pensar de dónde vengo, se me viene a la mente todo esto. No me limito a distinciones geográficas o fronteras impuestas, si no que reflexiono más allá de mi experiencia personal y considero la consecuente ostrazicacion que resulta de los intentos de categorización. No puedo identificarme un país o una identidad sin reconocer los daños que imponen porque también vengo de ahi. ...

Entonces me presento de nuevo:

Hola, mi nombre es Milagro Chavez-Cisneros, Columbia College ’21, mi especialización es en estudios hispánicos, uso el pronombre ella, y soy de aquí y de allá —incluyendo pero no limitándose a mis costumbres salvadoreñas, los gringoismos, los privilegios de nacer en EE.UU., la historia incompleta y distorsionada del mito latinoamericano y el reconocimiento de los huecos dentro el concepto de lo que se considera Latinx.


Milagro Chavez-Cisneros is majoring in Hispanic studies, but she feels frustrated by the lack of Central American studies courses and faculty at Columbia. If you ever want to talk about Latin American politics or the erasure of Central America, you should slide into her DMs on Twitter @milaccisneros. E-Spec-taculo runs on alternate Mondays.

To respond to this column, or to submit an op-ed, contact opinion@columbiaspectator.com.


Identity Latinx Activism El Salvador Latinidad
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